En las farmacias de Arequipa una realidad que puede sonar exagerada, en el futuro cercano podría repetirse con naturalidad. Gente que podría comprar más de lo que necesita, y familias que podrían guardar paracetamol, antibióticos y medicamentos crónicos como si fueran a escasear. Porque la pregunta que queda es si esto puede suceder de cara a la segunda vuelta de las presidenciales.
El arequipeño que sigue las noticias sabe lo que pasa en Venezuela, donde la escasez de medicamentos llegó al 85% en sus peores años. Sabe lo que pasa en Cuba, donde el propio gobierno admitió que más del 40% de los medicamentos básicos como aspirinas, analgésicos y antibióticos está en falta. Países que también tuvieron farmacias llenas, industria farmacéutica propia y un sistema de salud que funcionaba, hasta que llegó el modelo estatal de izquierda radical y lo destruyó todo.
Arequipa tiene razón en preocuparse. Tiene razón en preguntar. Y tiene razón en exigir que quien gobierne los próximos cinco años tenga un proyecto con la claridad y seguridad que necesitamos.
Porque una región que ya pelea por tener especialistas en sus hospitales, que ya lucha por que el presupuesto llegue a las postas y no se evapore en el camino, no puede darse el lujo de sumar a ese problema la escasez de lo más básico.
El que no aprendió de la historia de otros países, está condenado a repetirla.

