A diario sufrimos por pistas rotas, atrapados en el tráfico por obras eternas que generan congestión y pérdida de tiempo y dinero. Sufrimos también porque no hay colegios, hospitales y alcantarillado. Mucho de esto está a medias o lo que es peor se quedaron en promesas que no se cumplieron.
El retraso en obras públicas es un tema de todos los días en el Perú, y el caso del nuevo Aeropuerto Internacional Jorge Chávez es otro claro ejemplo. Desde su construcción se dieron retrasos. La obra inició 5 años después de lo previsto, en el 2019, y empezaría a operar desde diciembre de 2024, pero su apertura se postergó, hasta tres veces, y ahora nos salen con que estará listo para el 30 de marzo de este año.
Pero este no es un caso aislado, nuestras vidas, educación y salud se perjudican todos los días porque así como con el aeropuerto esto también sucede con las carreteras, hospitales y centros educativos, algo que nos complica y perjudica a cada peruano y nuestras familias.
Las demoras de obras se dan por pésima planificación, trámites burocráticos interminables, cambios en los gobiernos locales o nacionales. Y todo como consecuencia de que las autoridades trabajan solo para sus intereses, contratan empresas fantasmas y se llenan los bolsillos. Es decir, hacen de todo menos solucionar los problemas de la ciudadanía.
Y qué decir de las licitaciones, que están llenas de irregularidades y son diseñadas para favorecer a familiares, amigos y pagar favores políticos de las autoridades de turno.
Todo esto tiene solución y está en jubilar a toda la clase política actual. Sacar a ineficientes y corruptos que no les interesa solucionar nuestros problemas y nos arrastran al retraso por la corrupción.
Las obras deben concluirse y los encargados rendirnos cuentas. Para generar eso, urge, todos unidos, hacer el cambio de ciclo.