Todos hemos padecido alguna vez cortes de agua no avisados y para colmo nos cobran a pesar de que no tuvimos agua.
Incluso para miles familias peruanas, tener agua representa un gran problema, y ni qué decir de los excesivos pagos por consumo, que son otro dolor de cabeza.
Son años de cobros abusivos, de robos y engaños, de un pésimo servicio.
Sedapal es otro claro ejemplo de que el Estado es un mal gestor y que lleva a la ruina a aquellas empresas por las que todos pagamos. Siendo el caso más escandaloso el de Petroperú y los eternos salvavidas económicos que le lanzan.
Pero volvamos a la empresa que nos da agua, cuyas malas jugadas perjudican nuestros bolsillos. Un dominical reveló hace poco que entre septiembre de 2022 y 2024, Sedapal dejó sin subsidio a más de 9 mil hogares en condición de pobreza y pobreza extrema.
¿El resultado? Más de 2 millones de soles de deuda con los más pobres porque no se les aplicó el descuento a familias de Comas, Los Olivos, El Rímac, Independencia, San Martín de Porres, Puente Piedra y Carabayllo.
Cómo puede explicarse que familias que viven del día a día hayan pagado tarifas muy por encima de sus ingresos.
Mientras los políticos se llenan los bolsillos, llevaron a muchas personas al extremo de elegir entre pagar el agua o alimentar a sus hijos.
Es inaceptable que se siga perjudicando así a miles de peruanos cobrándoles de más cuando no se debe. El agua no debería ser un privilegio ni un motivo de angustia.
El Estado tiene una deuda de más de 20 años con los peruanos por constantes cortes de agua y fugas, denuncias de corrupción, fallas técnicas y todo como consecuencia de las pésimas gestiones de los gobiernos de turno que se han dedicado a poner funcionarios que no están capacitados.
Es hora de que asuman su responsabilidad y devuelvan todo el dinero robado, pero también le devuelvan a los ciudadanos la confianza de contar con un servicio de calidad y eso solo se logrará si asumen las riendas especialistas y no más operadores políticos o amigotes de los caviares.